El cine mexicano es una historia de gloria y de olvido. Ha pasado por periodos de productividad y genio y por otros no tan productivos ni tan geniales.

La época de oro, que abarcó desde mediados de la década de 1930 hasta principios de la década de 1960, llegó en un momento histórico clave que le permitió a la industria nacional volverse la más prolífica de México y América Latina.

Distintos géneros fueron explotados durante esas décadas, entre ellos el Cine Negro.

La aparición de la novela negra en Estados Unidos, sumada a una secuencia de acontecimientos históricos como la prohibición del alcohol en 1919 y la abolición de la misma en 1933, la crisis de 1929, el mundo en guerra, entre muchos otros, prepararon el panorama para darle entrada al Film Noir, con una estética fuertemente influenciada por el expresionismo alemán: oscuro con iluminación que crea efectos de claroscuro con sombras acentuadas, encuadres incómodos, composiciones desequilibradas, llegó a representar a través de antihéroes envueltos en dramas de detectives privados, femmes fatales, personajes en fuga y bandas de gánsteres, una realidad de intranquilidad, causada por una gran falta de estabilidad política y social.

Susana
Cartel de “Susana”, obra cinematográfica de Luis Buñuel que perteneció a la época de oro del cine mexicano.

En México, un panorama distinto pero igualmente propicio para el Film Noir sucedía durante el periodo presidencial de Miguel Alemán. La modernización e industrialización estaba causando desórdenes sociales donde la noche era la válvula de escape.

El hampa, los salones de baile, los hoteles de paso y demás situaciones cercanas a la vida nocturna le dieron fuerza al género que fusionado al melodrama mexicano generaría una serie de películas negras donde el espionaje, la intriga, el delito circundan la vida de hombres comunes que corroídos por la desconfianza, la incertidumbre, la fuga, la traición, están a espera de que el destino los alcance.

Con la llegada de los 70’s y los periodos presidenciales de Luis Echeverría y José López Portillo, la producción cinematográfica llegó a su peor etapa. Películas censuradas y complacientes para un público plano inundaron la industria en una época donde la situación social parecía salida de una película de terror.

Los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo

Pero la realidad y el arte sobrepasan hasta el peor de los gobiernos y en el cine mexicano la denuncia social siempre va a encontrar un camino a la superficie de la desinformación, la censura y el conformismo. Hoy es un momento propicio para disfrutar un guiño genuino a este género cinematográfico de la mano de Rigoberto Perezcano y su “Carmín Tropical”, un recorrido a través de la nostalgia, el amor y la traición.

Disfruta el trailer de la película por acá y espera su estreno en los cines de la ciudad.