Sintes, baile, luces, colores neón y ritmos pegajosos fueron elementos que acompañaron a las sonoridades de la Movida Madrileña. Además de ser un movimiento cultural posfranquista en el que florecieron los artistas de los sectores alternativos y underground y se consolidaron géneros como el techno, el pop, el new wave o el glam en la escena española, fue un movida de liberación, con variedad de formas de expresión y una explosión del sentimiento de juventud, que como tanto, había estado reprimido durante el régimen franquista.

Abundaron las noches de fiesta, los sitios para bailar y escuchar música, las ropas holgadas y multicolor, el cuerpo era un estandarte de la libertad y el arte, como extensión del mismo, su cúspide. ¿Pero qué pasa cuando el opresor está dentro de ti y años después de la liberación es necesario recordar lo que fuimos en aquella época?

Así es la vida de Lupe, que en los ochenta formó parte del grupo musical Groelandia junto con su hermano, Diego; ahora que él se ha ido y vive dependiente de su madre, Paquita, desentendida de su hijo, Pancho, y víctima de la agorabobia que no la deja salir de casa ni ponerse en situaciones de las que sería difícil escapar, vive oprimida por sus propios miedos. Su madre, preocupada, recurrirá a Diego, quién volverá en su faceta de estrella de rock de los ochenta para recordarle a su hermana sus sueños y ganas de vivir.

Todo esto sucederá en Todos están muertos (2014), una película de Beatriz Sanchis y protagonizada por Elena Anaya, en la que con nostalgia se mira los ideales de la Movida Madrileña, pero también abunda en los conflictos personales de una familia que coquetea con la muerte, y que a pesar de sus vacíos, el fantasma ochentero aún los acecha.
Todos están muertos está próxima a estrenarse en México, pero mientras esto ocurre estarán organizando un workshop gratuito sobre sintetizadores y actividades relacionadas a las temáticas de la película, estate al pendiente de sus redes sociales.

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