[Reseña] Lo que el Festival Nrmal 2016 nos dejó


Foto: Cortesía Bere Rivera

Por: Susana Ds/ Fotos: Nyd Valerio

A lo largo de casi 7 años, el Festival Nrmal se ha encargado de construir una narrativa sólida y contundente: si eres fan de descubrir nuevos sonidos de todas partes del mundo, debes asistir. Por ello, tenía muchas expectativas previas a su séptima edición, celebrada el 12 y 13 de marzo en el Deportivo Lomas Altas.

¿Por qué la gente en redes sociales publicaba contenido del festival, o de NODO o de algún showcase previo al mismo y aprovechaba para afirmar que el Nrmal era el mejor festival de la Ciudad de México?

Obviamente, su servidora nunca había acudido al fest. Sabía de su existencia en Monterrey y de sus hazañas (traer a México a talentos como Grimes, cuando no era tan conocida) pero hasta ahí. Cuando la iniciativa llegó al entonces Distrito Federal tuve mucha curiosidad en asistir, pero nunca lo había concretado.

Ciertamente, la expectativa inició desde la revelación del cartel en el Centro Cultural España, gracias a los headliners, Slowdive y Battles. Sin embargo,  una semana antes de la esperada fecha, colectivos como Los Grises, Mapache, Ensable y VAA realizaron pequeñas presentaciones en colaboración con el Nrmal, hecho que me permitió entender la estrecha relación del festival con las “cunas” de lo emergente.

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Mondragón durante su showcase en la casa VAA. Foto por Mucha Onda.

Pues bien, todo esto pasaba por mi cabeza cuando llegué al lugar en cuestión, un espacio el cual no sabía que existía en la ciudad, pero que resulta súmanente cómodo para la realización del festival gracias a los espacios bien distribuidos, las gradas y el pasto.

Desde el inicio, la sorpresa fue la proximidad de las escenarios, lo cual permitía moverse de uno a otro sin gran dificultad.

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Fue así como empezamos el recorrido musical. Primero, nos alojamos en la carpa amarilla para recibir a Blue Host, proyecto mexicano que logró encender los ánimos y hacer bailar a los presentes, un público bastante diverso,  visiblemente emocionado y dispuesto a dejarse llevar por los sonidos electro-pop de la banda.

Después de esa agradable bienvenida, nos enfrentamos a la cancelación del show de Haciendo el Mal, dada una situación familiar de emergencia del guitarrista de la banda. Por lo que regresamos al escenario amarillo a escuchar un poco de las rimas de Sick Morrison, que por cierto, aplicó la jugada de Kanye West al utilizar una versión alterna  de “21st Century Schizoid Man” de King Crimson como base en una de sus canciones. Una presentación buena, sin más adjetivos.

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De regreso al escenario azul, disfrutamos de uno de los mejores shows del festival. Me refiero al gran acto de (SIC), la dupla confirmada por Bonequi en la bateria y Rodrigo en las voces guturales. Por más de media hora el público del Nrmal quedó hipnotizado, prestando atención a cada cambio de ritmo, a cada grito que envolvía el atardecer. Sin duda, una elección arriesgada en la curaduría del festival que tuvo éxito.

Después del show del dúo mexicano, Aloa Input se apropió del escenario rojo, el cual se ubicaba justo a lado del escenario azul, pero la verdad es un rock ligero, fresco y bien elaborado de este trío alemán no nos despertó de inmediato del trance. Pasaron varios minutos para que nos acomodarnos en ese nuevo mood y tímidamente empezáramos a bailar.

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En ese momento,  ya estaba fascinada con la logística del festival. Es decir, todo estaba cerca. Si querías tomar algo, las islas de Goose Island tenían una amplia variedad de cerveza y tragos en general. Si ya te habías cansado, podías sentarte en las gradas, en el espacio de Lucky Strike  o en el pasto. Si querías ir al baño, no tardabas más de 5 minutos. Y si tenías hambre solo era cuestión de llegar al área de Cocina Central para tener toda una alta gama de platillos a un buen precio (como las tostadas El Precioso, una delicia).

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De nuevo regresamos al escenario amarillo donde los argentinos de Coiffeurr trasmitían buena onda, con sonido pop muy refinado, mientras que en escenario azul,  Los Walters tocaban su Verano Panorámico ante un público nada normal. Coiffeur2Coiffeur1

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En el escenario rojo , Alan Sparhawk (guitarrista y vocalista de Low) logró arreglar el problema de audio que impedía dar inicio a su presentación. A partir de ese momento, la agrupación estadounidense se apropió del Nrmal, su dream pop fue el mejor soundtrack para despedir el atardecer y entrar de lleno a la obscuridad de la noche.

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Posteriormente, decidí ir a  Cine en el Parque, instalación de video que se encontraba a lado de Cocina Central, en dónde se podría difrutar de videos de grupos emergentes del país. Así es como el trabajo de Trillones, Azain, Los Mundos y Vaya Futuro (por mencionar a algunos) se hacía presente en el fest.

De nuevo en el escenario amarillo, Föllakzoid se encargó de sumerguirnos en una densa y espesa capa de shoegaze,  ejecutado por 4 individuos que sabían muy bien lo que hacían, mientras que en el escenario rojo Empress Of ponía a bailar a medio mundo. Sin embargo, la verdad es que todos esperaban con ansias a los platos fuertes de la noche, Deerhunter y A Place To Bury Stranges, actos que complacieron a fans que sin duda, se merecían lo mejor de estas bandas. Y lo tuvieron.

 

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El domingo fue un día con más calma en el Nrmal. Con todo ya bien ubicado, mucha gente disfrutó de las atracciones adicionales, como saltar al vacío y caer sobre un inflable o simplemente disfrutar del sol y la comida en el pasto.

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En la parte musical, Baltazar sorprendió a más de uno con su propuesta de rock-pop de buena hechura. Posteriormente Jakko Eino Kalevi tomó el escenario rojo y lo convirtió en una pista de baile tan post-moderna como su música. Todo un descubrimiento que se quedará en la memoria de muchos, como uno de los mejores actos del festival.

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Otra de las grandes exposiciones de genialidad en el Nrmal fue la de Pierre Bastien, quien con cintas de máquinas de escribir y objetos tan comunes como clavos u hojas de papel, logró crear secuencias musicales cautivadoras.

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En un abrir y cerrar de ojos, la noche llegó para por fin, escuchar a Battles y después a n, un cierre sumamente emocional y nostálgico, digno de un festival como el Nrmal.

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Foto: Cortesía Bere Rivera

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A casi dos semanas de la experiencia, compredí que el Nrmal no solo me dejó nuevas obsesiones musicales, un poco de resaca y nuevas fotos con amigos. El Festival Nrmal es el claro ejemplo de una idea bien ejecutada, llevada a un alto nivel en donde el concepto lo es todo, llegando así al público que disfruta y paga por este tipo de experiencias.

De una u otra manera, el Nrmal es una iniciativa independiente, que hace un festival con una excelente curaduría, que no depende de bandas que “llenan” estadios. Sin embargo, saben llevar la colaboración con marcas que se ajustan al público del mismo. Es decir, no se vale decir que en México no hay público para las nuevas propuestas. Todo radica en el arte de crear conceptos y saber venderlos. 

Por todo esto, debo agradecerle al Nrmal su existencia. Ya veremos que sorpresas nos dará para la edición de 2017.

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