[Reseña] Todos quieren pasársela bien en Bahidorá


Fotos por: Nydia Valerio

No ciudad. No smog. No ruido de autos. No edificios grises. Tampoco había ropa formal. Nada de plástico. Todos dijimos “adiós” a la monótona rutina. El Carnaval de Bahidorá nos recibió con un ambiente festivo desde el primer momento. Quizás era por la emoción de la gente, el cálido clima, la energía natural que habita en Las Estacas, Morelos, o las ganas de pasar un fin se semana más que musical, que la buena vibra se sentía en el ambiente.

La hora ideal de llegada fue entre la una y las dos de la tarde del sábado, pues así serías recibido en el carnaval por los primeros sonidos de la propuesta musical: La Banda Bastón daba la bienvenida a los recién llegados desde el Escenario Central, mientras que a los que desde el viernes estaban instalados podían ya disfrutar en el Asoleadero (una meseta hecha escenario que era rodeada por el río) de Isa GT.


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El clima hacía necesario armar el campamento pronto para ir a vivir la experiencia del carnaval. Desde la zona de camping lo único que se recibía de la naturaleza era el abrazo del sol, pero en cuanto dabas un paso dentro de la #TerraIncógnita te envolvía la sensación de festejo y armonía. Había que deshacerse de la ropa extra pues la humedad se hacía pesada.  Mientras en la ciudad poco a poco se iba dando la despedida al invierno, en Bahidorá era historia pasada, pues el calor no le envidiaba nada al de alguna playa.

La primera parada fue con BadBadNotGood, quienes con ritmos muy eclécticos y variados calentaban los motores de quienes ya se posicionaban frente al Escenario Central. En el escenario Dance Floor, destinado para la presentación de DJs, Anton Borin había logrado convocar a un público pequeño con sus cuerpos pendientes de los ritmos que planeaban su mente y manos. Por su parte, en el Asoleadero, la propuesta mexicana, Sotomayor, eran quienes a pesar de su corta carrera habían atraído más gente que disfrutaba entre las aguas del río su contagiosos pop tropical. Aquí la asistencia se mantendría concentrada durante el resto del día: Teen Flirt con sus beats densos y oscuros daban equilibró a la calidez del ambiente haciendo vibrar al público, y Beacon hizo lo propio con su sonido mucho más embriagante y potente.

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Pero, a pesar de tener buena asistencia en cada escenario, era poca gente pues no podía ser toda la del evento, y no lo era, pues el carnaval tenía una experiencia única y especial para cada asistente. En Bahidorá podías comer en food trucks, jugar en las áreas verdes o en el agua, bailar, nadar, pensar, dejarte adivinar el futuro, poner a prueba tus sentidos, ponerte creativo pintando tu cuerpo o a tus amigos, ejercitarte remando en el río, incluso hablar con Dios en una cabina telefónica especial. Es claro que la música no es el eje por el cual gira el carnaval, sino el de abrir un espacio para que todos se la pasen bien.

El Escenario Central reunió durante la tarde del sábado proyectos que se distinguieron por la cercanía sembrada con el público diferenciada únicamente por la energía intercambiada. Destroyer, un grande del folk, sacó nuestro lado más sofisticado y audaz. Luego vinieron Sonido Gallo Negro y Antibalas, que con una asistencia más nutrida sacaron el lado tropical de cada uno y que tanto combinó con el clima de Las Estacas; los primeros con la cumbia latinoamericana y los segundos con los ritmos de su herencia africana.

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También Teen Flirt logró hacer del Asoleadero una fiesta de ritmo, los cuerpos en los trajes de baño se movían en un vaivén de sonidos vibrantes estando fuera o dentro del agua, y Beacon despidió la tarde con suaves melodías artificiales.

Pero así como la naturaleza nos arropaba con su cordialidad y agradable espacio, había que poner de nuestra parte, por eso había botes de basura (inorgánica y orgánica) por todo el lugar. Los platos y vasos usados eran reciclados y reciclables. Muy pocos empaques se daban con la comida, y todo el tiempo escuadrones de limpieza se encargaban de levantar hasta las colillas de cigarro.

Con Rhye la gente coreó y gozó al mismo tiempo, sin duda era uno de los más esperados, con su elegante porte y gran capacidad vocal embelesó a todos los asistentes. Su acto abrió paso a  The Internet, otra agrupación con un vocalista de gran altura y gran dominio del espacio escénico, Syd Tha Kyd deleitó a su público que la seguía sin chistar cada que pedía levantaran las manos con ella.

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El sábado de grandes intérpretes lo cerró Escort, que desde la primera canción movió de su estatismo a quienes aún se reusaban a dejarse llevar por la fiesta de ritmos y propuestas musicales que se expandía por los rincones de cada rama, hacía vibrar las aguas ya calmadas de albercas y del río, y que permitían entrar en calor a los cuerpos pues la noche comenzaba a refrescar. Con su renovada versión del disco setentero y aderezado con un poco de funk sorprendió incluso a quienes no tenían el gusto de estrenarse en aquellos estilos dancísticos.

Y la fiesta intensa llegó con la noche, después del baile levantado por Escort, la mezcla musical vino por parte de Bondax en el Escenario Central y cuyo público que se extendía más allá de la explanada destinada para este escenario, opacó considerablemente al concentrado en la Dance Floor, que a pesar de la actuación continua de DJs no hizo la diferencia hasta el siguiente día.

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Entre baile, risas, cerveza, amigos y algunos individuos ya abandonados al camastro o trozo de pasto elegido para  reposar por las emociones del día, llegó la madrugada, el momento ideal para ir a  recuperar fuerzas a la zona de camping, ¡Qué gran alivio es tener a donde llegar a descansar después del derroche de energía en el carnaval sin tener que cruzar las calles de la ciudad!

En el Escenario Central continuaron Áme y Saschienne, y  en el Dance Floor Ivan Smagghe, ellos dieron la bienvenida a la noche. Pero a medida que amanecía las ganas de estar  afuera volvían, pues en el escenario para DJs la fiesta no había cesado y había acompañado los sueños de todos en el carnaval de Bahidorá, estuvieran dormidos o despiertos. A las 9 de la mañana la vida volvía a Las Estacas, entre fruta y chilaquiles para desayunar, las risas se reanimaban junto con el sol.

El domingo fue un día dedicado a la negación, pues aunque algunos desde las primeras horas se despedían de la TerraIncógnita de Bahidorá, los restantes se rehusaban a dejar morir al carnaval. En el Asoleadero desde las 7 de la mañana Thomash comenzó el levantamiento, le siguieron El Búho, Quantic y  Begun, quienes animaban a los que se apretujaban para bailar y disfrutar un poco de la música en la estrecha playa del río que rodeaba al escenario.

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Por su parte, el Dance Floor se esforzaba por tomar el lugar del Escenario Central, el cual, ya era desmontado. Satori, Nuage, Dwig y Karma Kid tocaron para quienes hasta las 4 de la tarde de aquel domingo quisieron entregar hasta su último aliento en la magia de un carnaval que los acogió para festejar a la música, a la naturaleza y a los cuerpos que se encargan de conectar a las anteriores.

Algunos otros, ya cansados del baile, se dedicaron a aprovechar los placeres que ofrecía Las Estacas. Un tiempo más en el agua, reposar en el pasto también era una de las opciones más socorridas. Apurar las últimas cervezas, las últimas risas, los últimos momentos en que sentirse unido al ambiente natural era vital antes de volver a la cotidianidad que roba ese espíritu libre que entre música y naturaleza nos recordó que tenemos en el carnaval de Bahidorá.

 

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